Mí alma es Juzgada por el Dios Anubis
Mi visita a Egipto fue un sueño hecho realidad. Siempre había estado fascinado por la historia y la cultura de esta antigua civilización, así que cuando tuve la oportunidad de hacer un viaje allí, no pude resistirme. Mis expectativas eran altas mientras caminaba por las calles llenas de historia y me maravillaba con las majestuosas pirámides que se alzaban en el horizonte.
Un día, decidí aventurarme en una tumba antigua, a pesar de las advertencias de los guías turísticos. Sentí una extraña atracción hacia ese lugar, como si algo me llamara desde su interior. Ignorando las voces de precaución en mi cabeza, entré en la tumba con una mezcla de emoción y nerviosismo.
Dentro de la tumba, me encontré rodeado de jeroglíficos y estatuas imponentes. El aire estaba cargado de una sensación de misterio y poder. Caminé con cuidado, admirando los detalles tallados en las paredes y tratando de imaginar cómo era la vida en esa época lejana.
De repente, sin embargo, tropecé y caí sobre un extraño artefacto. El objeto se rompió en mil pedazos y, para mi horror, un polvo dorado se dispersó por el aire y me envolvió. Mi cuerpo se volvió pesado y mi visión se volvió borrosa. Me tambaleé, tratando de mantener el equilibrio, pero mis fuerzas me abandonaron y caí al suelo inconsciente.
Cuando desperté, me encontré en un lugar desconocido. Estaba en una sala inmensa, con enormes pilares que se alzaban hacia el cielo. En el centro de la habitación, había una balanza dorada con una pluma en un extremo y un corazón en el otro. Una figura oscura y misteriosa se encontraba detrás de la balanza.
Me acerqué lentamente, y la figura se reveló como Anubis, el dios egipcio de la muerte y el juicio. Su mirada era penetrante y su presencia imponente. Sabía que había muerto y que mi alma estaba siendo juzgada en el Salón de Maat, donde los corazones de los fallecidos eran pesados contra la pluma de la verdad.
Anubis me examinó con su mirada intensa y señaló hacia la balanza. Me indicó que colocara mi corazón en un platillo y la pluma de la verdad en el otro. El corazón latía rápidamente mientras lo dejaba caer en la balanza, y la pluma apenas se movía, demostrando su inmensurable ligereza.
El dios me miró fijamente y habló con una voz profunda y resonante. Reveló que mi corazón estaba cargado de pesares y remordimientos, pero que mi intención al explorar la tumba no había sido maliciosa. Aunque había cometido un acto imprudente, no había llevado una vida malvada.
Anubis decidió ser misericordioso y me permitió continuar mi camino hacia la vida después de la muerte. Sin embargo, me advirtió que debía aprender de mi experiencia y buscar la sabiduría y la v
erdad en mi vida

Comentarios
Publicar un comentario