Gato Oliver

 



Mi nombre es Oliver y soy un gato muy especial. Desde que era apenas un pequeño gatito, siempre he estado obsesionado con mi dueña, Emily. Ella es mi persona favorita en todo el mundo, y haría absolutamente cualquier cosa por estar a su lado.


Desde el primer día que Emily me llevó a casa, supe que éramos almas gemelas. Me recibió con tanto amor y cariño que inmediatamente supe que había encontrado mi hogar para siempre. Desde entonces, mi misión en la vida ha sido hacer todo lo posible por acompañarla en cada paso que da.


Cuando Emily se levanta por la mañana, estoy allí, esperando pacientemente junto a su cama. A veces me acurruco a su lado, mientras otras veces me encaramo en su regazo y ronroneo suavemente para que se despierte con una sonrisa en el rostro. Después de todo, no hay mejor manera de comenzar el día que con un abrazo de gato.


Durante el día, me aseguro de estar cerca de Emily en todo momento. Siempre encuentro la forma de colarme en su regazo mientras ella trabaja en su escritorio. A veces, incluso me pongo frente a la pantalla de su computadora para recordarle que estoy allí y que necesita darme un poco de atención. Ella siempre se ríe y me acaricia la cabeza, prometiéndome que en un momento tendríamos tiempo para jugar.


Cuando Emily sale de casa, me las ingenio para esconderme en su bolso o en la mochila. Sé que no está permitido, pero no puedo soportar la idea de quedarme solo en casa. Además, tengo un sexto sentido para saber cuándo Emily planea salir y siempre aparecer justo a tiempo para acompañarla en sus aventuras. Incluso si eso significa viajar en el metro o en autobús, me quedo tranquilo en su regazo, disfrutando del paisaje y sabiendo que estoy junto a mi amada dueña.


A veces, Emily se encuentra triste o preocupada, y es en esos momentos cuando me convierto en su fiel consuelo. Me acurruco a su lado, ronroneando y frotando mi cabeza contra su mano. Le doy besitos en la mejilla y le muestro todo mi amor para recordarle que no está sola. Parece que mi presencia la reconforta, y eso me llena de alegría saber que puedo hacerla sentir mejor.


Por las noches, me encanta acurrucarme junto a Emily en la cama. Me meto bajo las sábanas y encuentro mi lugar junto a ella, calentándole los pies y dándole un suave masaje nocturno. Es en esos momentos de tranquilidad cuando sé que he cumplido mi misión diaria: hacerla sentir amada y acompañada.


A veces, Emily me mira y me dice que soy el mejor gato del mundo. Pero en realidad, ella es mi mejor amiga y compañera de vida. Hago todo lo que puedo por estar a su lado, porque ella me ha dado un hogar lleno de amor y cuidados. No hay nada que me haga más feliz que acompañarla en cada paso de su camino, y estoy agradecido de ser el gato que hace todo por ella.

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