Gárgola Gorgon




 Había una vez una antigua casa en lo más profundo de un oscuro bosque. Era conocida por sus misteriosas leyendas y su atmósfera lúgubre. La casa había sido abandonada durante décadas, y nadie se atrevía a acercarse a ella, excepto por una valiente familia que decidió comprarla y hacerla su hogar.


Desde el primer día que se mudaron, la familia notó algo extraño. Una gárgola de aspecto siniestro se encontraba en el techo de la casa, mirándolos fijamente con sus ojos penetrantes. Tenía una expresión maligna tallada en su rostro de piedra, y su presencia provocaba escalofríos en aquellos que la observaban.


A medida que pasaban los días, la gárgola parecía cobrar vida. Se movía sigilosamente durante la noche, sus alas se extendían y emitía unos gruñidos inhumanos que resonaban por toda la casa. La familia intentaba ignorarla, pensando que su presencia era solo parte de su imaginación.


Sin embargo, la presencia de la gárgola se hizo cada vez más inquietante. Por las noches, susurros tenebrosos se oían en los pasillos, y objetos se movían misteriosamente. La familia comenzó a sufrir pesadillas horribles y constantes sensaciones de ser observados.


A medida que el terror se apoderaba de la casa, la gárgola se volvía más agresiva. Atacaba a los miembros de la familia en la oscuridad, dejando marcas profundas en sus cuerpos. Los intentos de huir resultaban inútiles, ya que la gárgola parecía tener el poder de controlarlos, manteniéndolos prisioneros en su propio hogar.


La familia, desesperada por sufrir tanto terror, decidió buscar la ayuda de un antiguo experto en lo paranormal. Este sabio hombre les reveló la verdadera naturaleza de la gárgola: había sido creada siglos atrás mediante un oscuro ritual, y estaba condenada a provocar sufrimiento y tragedia.


El experto en lo paranormal les advirtió que solo había una forma de liberarse de la gárgola. Debían encontrar el libro de conjuros que contenía el hechizo para destruirla y poner fin a su maldición. La familia se adentró en las profundidades de la casa, enfrentando numerosos peligros y trampas, hasta que finalmente encontraron el libro en una sala secreta.


Con temblores en las manos, recitaron el conjuro, esperando con ansias el alivio que vendría con la desaparición de la gárgola. Pero en lugar de desaparecer, la gárgola cobró un poder aún mayor. Su ira se desató sobre la familia, lanzando rayos y fuego desde sus garras, consumiendo todo a su paso.


La casa se incendió rápidamente, y la familia quedó atrapada en un laberinto de llamas. Mientras el fuego devoraba todo a su alrededor, la gárgola reía malévolamente, disfrutando de su victoria final. La tragedia se apoderó de aquel lugar, y la


 oscura presencia de la gárgola quedó sellada en los recuerdos de todos los que alguna vez se atrevieron a acercarse.


Desde aquel día, la casa en el bosque quedó en ruinas, convertida en un recordatorio de los peligros que yacen en lo desconocido. La gárgola, aunque nunca más se le volvió a ver, permaneció en el imaginario colectivo como una criatura de pesadilla. Y aquellos que pasaban cerca de los escombros podían jurar escuchar sus gruñidos y sentir su mirada fría y penetrante en lo más profundo de sus almas.

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